sexta-feira, 24 de outubro de 2008

TEATRO MEDIEVAL CASTELLANO

En las páginas siguientes descartaremos las teorías sobre la inexistencia de un teatro castellano. El Auto de los Reyes Magos será mucho más que una excepción, venida de fuera de la Península, incapaz de probar una tradición dramática castellana. La situación ha cambiado, gracias a nuevos descubrimientos y al estudio comparado de nuestro teatro con el románico medieval. Además, los hallazgos son siempre posibles y pueden modificar nuestro análisis. Con todo, desconocemos qué obras se destinaban realmente para la representación y cuáles eran textos para una lectura más o menos animada.
La tradicion ha señalado, entre los muchos textos posibles, los que pudieron representarse y los que no. Seguimos la autoridad de los investigadores al exponer esta visión del teatro medieval, conscientes de la provisionalidad de los datos. Esta autoridad es la que nos hace prolongar la cronología más allá de 1500: hasta 1513 para el teatro medieval y más aún para los epígonos de La Celestina. Ni siquiera de esta Tragicomedia de Calisto y Melibea, nuestra obra maestra teatral, podemos afirmar mucho acerca de su valor dramático como obra representable. Sirvan estas páginas de orientación.
TEATRO MEDIEVAL CASTELLANO:

PROSA MEDIEVAL ESPAÑOLA

La prosa medieval española surge de varias circunstancias, entre las que destaca la creación de studia y universidades, de catedrales, de cancillerías en las cortes y de la renovación de la Iglesia, concretamente, de las reformas realizadas a partir del cuarto Concilio de Letrán (1215). Dicha prosa deriva de la oratio soluta latina, ya que la palabra podía designar en el siglo XIII a determinadas formas de lo que hoy consideramos verso. La prosa se origina de la necesidad de buscar un instrumento de comunicación común a cristianos -identificados con el latín-, árabes y hebreos -versados en la lengua de aquéllos- y emigrantes francos que gozaban de los privilegios ofrecidos por los reyes. También de la necesidad de divulgar la sabiduría tradicional y de predicar el cristianismo al pueblo, ya ignorante del latín.
Sus inicios coinciden con la traducción libre o romanceamiento de textos de prestigio cultural, entre los que destacan la Biblia y los clásicos latinos -después, griegos- y árabes o hebreos, desde sus lenguas originales o desde versiones romances, especialmente francesas. También la nobleza se interesará por textos no exclusivos de la clerecía.
La difusión de los clásicos es paulatina: algunos tratados de Séneca en el siglo XIII; Boecio en el XIV, y Cicerón, con otras fuentes, en el XV. El conocimiento de los griegos sigue siendo infrecuente en este siglo, que ofrece ya obras maestras y se abre a los grandes autores italianos de la centuria anterior, como Dante y Petrarca.
Ni la difusión del libro encuadernado ni la del papel como soporte de escritura, tuvieron la transcendencia de la imprenta (1458) para la difusión y adquisición del libro. Aceptamos que el primer impreso español se remonta a la octava década del siglo XV. El Sinodal de Aguilafuente (Segovia, 1472) sería anterior a las Trovas de la Virgen María (Valencia, 1474). Inmediatamente, y hasta 1500, los lectores del siglo verían estampadas las obras maestras de la literatura clásica y contemporánea en libros que llamamos incunables.
Afecta a nuestra literatura un problema al identificar las obras. Muchas de ellas son refundiciones de textos anteriores, con variaciones de diverso grado, y resulta arriesgado decidir cuándo nos encontramos ante obras distintas o ante versiones de una sola. Esto afecta a crónicas, libros de viajes, literatura sapiencial, relatos novelescos, como el Amadís, etc. Sus testimonios sobrepasan los tres siglos aproximados de nuestra literatura medieval.

POESÍA MEDIEVAL ESPAÑOLA


La poesía medieval española abarca cuatro siglos. Esto supone una cantidad considerable de textos de diferente índole: poesía narrativa, lírica casi provenzal, textos castellanos escritos en caracteres árabes –aljamiado-, etc. Por eso, es conveniente distribuirla en distintas secciones. Las seis que ofrecemos a continuación pueden ser un buen punto de partida:

LITERATURA HISPANOÁRABE



La literatura hispanoárabe presenta diferencias profundas con las literaturas románicas peninsulares. Por una parte, el repertorio de autores es amplísimo, aunque las obras de cada uno de ellos no sean tan numerosas. Muchas las conocemos por los testimonios de recopiladores o antólogos, y no por textos de primera mano. Aunque la investigación avanza notablemente, aún existen dudas en la identificación de autores y datos relacionados con ellos. A esta dificultad se añade la diferencia de criterios al transcribir nombres propios. Como no hay tiempo para estudiar mucho la literatura hispanoárabe, vamos fijar un poco en la literatura granadina.
(Imagen del Corán Marroquí)


LITERATURA GRANADINA
Desde 1269 hasta 1492 pervive en la Península el reino nazarí de Granada, último testimonio del Islam hispánico, ocupando las provincias actuales de Málaga, Granada y Almería. Su existencia fue inestable por la constante amenaza de los reinos cristianos. Algunos estudiosos han interpretado esta cultura como una prolongación hueca de lo anterior. Sin embargo, Granada contempló la vuelta de algunos emigrados del norte de África y sus reyes protegieron las artes, como los mejores gobernantes antiguos de al-Andalus. Abû Hayyân (1257-1344), gramático, representa, sin embargo, el pesimismo de su época, que culmina con su emigración a Egipto. También Ibn Mâlik (1208-1274) de Jaén, marcha a Oriente. Es autor de uryûzas y de una Alkafiya y Alfiya sobre gramática. Ibn al-Zubayr de Jaén (1230-1308) continuó en su Silat al-sila, la obra biográfica de Ibn al-Abbâr. Ibn al-Hakîm de Ronda (1261-1308), valido del rey, cultivó diversos géneros literarios y protegió a otros escritores. Fue asesinado en una conjura y su Historia de España no ha llegado a nuestros días. Invitó a su corte al poeta Ibn Jamîs de Tlemecén (1252-1308) y le sucedió como secretario Ibn al-Yayyâb de Granada (1274-1349), autor de casidas neoclásicas a emires nazaríes, que pudo leer sus poemas en los muros del Generalife. De su tiempo fue Ibn Luyûn de Almería (1282-1349), que redactó unos Proverbios rimados y un tratado de agricultura. La Historia de Almería, hoy perdida, fue el legado de Abû l-Barakât de Velefique (1264-1372), maestro de Ibn al-Jatib.

Ibn Jâtima al-Ansari de Almería (1323-1369), fue médico e historiador. Lo recordamos por su Dîwân de poesía, adornado con juegos de palabras, tawriyas o dobles sentidos, etc. Como médico describe la peste de 1348. Del malagueño Ibn al-Murâbi` (m.1349) conservamos una divertida maqâma de la fiesta, en que un hombre, reprendido por su mujer, compra un carnero que le proporciona los mayores destrozos que podía imaginar. Pero la figura más importante de este momento es la de Lisân al-Dîn Muhammad Ibn al-Jatîb, de Loja (1313-1375). Discípulo de Ibn al-Yayyab, fue hijo de un kâtib y finalmente kâtib él mismo de Yûsuf I y Muhammad V. Alternó su labor de poeta con la de médico y fue maestro de Ibn Zamrak. Caído en desgracia con Muhammad V, huye a Marruecos, donde, tras ser juzgado, lo estrangularon. Escribe una historia de Granada, sólo conocida por resúmenes, la Ihâta fi ajbâr Garnâta y sus poesías adornaron el salón de Comares de la Alhambra. Recopila, además, poesía ajena y moaxajas hispanoárabes, en el Yays al-tawsîh; epístolas literarias y cancillerescas en prosa rimada, en el Rayhânat al-kuttâb, y -por supuesto- maqâmas. Murió por las herejías descritas en el Rawdat al-ta`rîf bi l-hubb al-sarîf.
Ibn Zamrak de Granada (1333-1393) fue discípulo de Ibn al-Jatib y participó en el tribunal que lo condenó. Caído en desgracia, fue, a su vez, asesinado por Muhammad VII. Es autor de una poesía exquisita, de casidas y moaxaja clásica. Ha pasado a la historia literaria por ser el poeta que más adornó las paredes de la Alhambra: la fuente de los leones, la Sala de las dos hermanas, etc. También granadino fue Mohammad al Lajmí, autor del adab El reino de las abejas, sobre ciencias y artes, acabado hacia 1390. Abû l-Hasan al-Nubâhî de Málaga (1313-1390), continuó la Historia de los jueces de Córdoba de al-Jušani en su Kitâb al-marqaba al-`ulyâ y dejó una maqâma De la palmera. Ibn Yuzaî de Granada (1321-1356), por su parte, recibió el encargo de redactar los viajes de Ibn Batuta. Nacido en Túnez de familia andaluza, participó intensamente en la vida política peninsular el historiador Ibn Jaldûn (1332-1406), autor de unos al-Muqaddimah o Prolegómenos a una historia universal. Fue embajador con Pedro el Cruel (1363) y con Tamerlán en 1401, cinco años antes de su muerte, en Egipto. Sus al-Muqaddimah tratan de los asentamientos y condiciones de los pueblos, de geografía, de antropología, y terminan con una clasificación de las ciencias. Esta obra es, en rigor, la primera parte de su Libro de los ejemplos. El granadino Ibn `Âsim (1359-1426), jurista malequí fue autor del adab Hadâ`iq al-azhâr, donde incluye refranes hispanoárabes. Otro adab fue obra de Muhammad ibn Abî l-`Ulâ ibn Simmâk, el Kitâb al-Zaharât y el al-Hulal al-Mawsiyya, centón de falsas noticias históricas.
Un tercer autor de adab es Yahya Ibn Hudayl, maestro de Al-Jatib, autor de Gala de caballeros. Blasón de paladines. Sigue los Tratados sobre caballos que se inician a mediados del XIII con Ibn Arqam de Guadix. Entre 1407 y 1417 reina el emir Yûsuf III, posible recopilador de la poesía de Ibn Zamrak y autor él mismo de un diwân. Panegirista suyo fue Abû al-Husayn Ibn Furkûn (1379-1417), que dejó sus poemas en los muros de la Alhambra. También el príncipe Ibn al-Ahmar recoge la poesía de su época -fin del siglo XIV- comienzos del XV. `Umar de Málaga es autor de una maqâma sobre la peste de esa ciudad en 1440. Es bastante escasa la literatura que ha quedado de la segunda mitad del siglo XV. Consideramos a Ibn al-Qaysi al-Basti el último poeta andalusí. Reflejó el desastre final del reino. Esta literatura muestra, en general la decadencia islámica y apenas destaca una Historia anónima de Granada de 1477 a 1499.
Terminado el dominio musulmán en al-Andalus, los moriscos que aún permanecen en la Península se plantean conservar sus señas de identidad escribiendo en romance con caracteres árabes, esto es, en aljamiado, recodificación del español o lengua sumergida que se mantuvo hasta el siglo XVII. El sistema era el mismo que se había utilizado con las jarchas, aunque las circunstancias eran penosamente distintas.

segunda-feira, 4 de agosto de 2008

GARCILASO DE LA VEGA

Este noble toledano defendió al Emperador en la guerra de las Comunidades (1520-1522), y en 1522-24 fue nombrado caballero de Santiago por combatir en Rodas a los turcos. Al año siguiente, se casa con Elena de Zúñiga, de la que tendrá tres hijos. Fue regidor en Toledo y, en 1526, conocería a su musa: la portuguesa Isabel Freyre. En 1529 deja Toledo para acompañar al Emperador a su Coronación en Bolonia. Sus primeras obras mostrarían rasgos cancioneriles, como sus ocho coplas octosilábicas, anteriores a 1532, frente a otras italianizantes: las Canciones I, II y IV y, acaso, los Sonetos I, V, VI, XXVI, XXVII y XXXVII.
De 1532 será el Soneto IV y la Canción III, que recuerda su desterro en una isla del Danubio. Ese año, gracias al Duque de Alba, marcha a Nápoles, donde trata a los poetas de la Academia Pontaniana -seguidores de Pontano y Sannazaro (†1530): Antonio Epicuro, Antonio Minturno...-; a Luigi Tansillo o a Bernardo Tasso, que lo presentarían a Pietro Bembo. También leyó a Ariosto.
Ahora escribe la Égloga II (1533-34), parcialmente dialogada, sobre el amor desgraciado de Albanio por Camila y las virtudes de la casa de Alba. Compone los Sonetos XI, XIII, XVI, XXI, XXIII, XXIV y XXIX (1533-36), mitológicos o referentes a familiares -su hermano- y amigos napolitanos. Redactó poesía latina, y visitó en España a Boscán (1533), a quien dedica una Epístola (12/10/1534). La muerte de Isabel Freyre (¿1533-34?) le inspira la Égloga I y los Sonetos X y XXV. Fue alcalde de Reggio (1534) y reflejó la campaña de Túnez (1535) en los Sonetos XXXIII y XXXV y la Elegía II. Ya habría escrito la Elegía I a Bernaldino de Toledo y la Ode ad Ginesium Sepulvedam, así como los Sonetos VII, VIII, XII, XV, XIX, XXVIII, XXX y XXXI, con alusiones a un posible amor napolitano y referencias mitológicas. Ahora escribiría su Canción V a la Flor de Gnido. Un año después, la Égloga III (1536): cuatro ninfas tejen los mitos de Orfeo y Eurídice; Apolo y Dafne; Venus y Adonis, y, finalmente, la muerte de Isabel Freyre. Ese año muere en Niza, luchando contra los franceses. Su cuerpo se trasladó dos años después a Toledo. Junto a sus poesías dejó unas cartas en prosa y un testamento . A sus influencias petrarquistas añadimos las de líricos castellanos y clásicos latinos: Horacio, Virgilio u Ovidio. Tiñe su platonismo una visión doliente del amor, heredada de la Edad Media, y su ideal guerrero se desvanece ante la ingratitud del Emperador. Su obra recibiría comentarios de Francisco Sánchez de las Brozas -el Brocense- (1574 y 1578) y Fernando de Herrera (1580). Aunque la edición impresa de 1543 -y posteriores- ha sido clave para editar su obra, existen manuscritos importantes, como el códice de Gayangos: 17969 BNM.

LA POESÍA DEL SIGLO ORO ESPAÑOL

La poesía española de los Siglos de Oro presenta problemas que se hallan aún sin resolver. De entrada, seguimos careciendo de ediciones fiables de los poetas más representativos. En segundo lugar, la clasificación de autores por grupos y escuelas depende todavía del punto de vista de los estudiosos, que no siempre se ponen de acuerdo. Ni siquiera los escritores que dividen su producción literaria entre los siglos XVI y XVII han quedado perfectamente ubicados. Existen autores como Cervantes o Vicente Espinel que se incluyen indistintamente en un siglo o en otro. Por eso, el criterio que hemos seguido en esta asignatura es de ofrecer un panorama sencillo de esta época. Respetamos la división entre siglo XVI –Renacimiento- y siglo XVII –Barroco-. Dentro de cada bloque, procuramos simplificar la lista de autores, de manera que no queden nombres desligados, formando grupos casi unipersonales. El cierto es que esta fue una época bastate importante para el desarrollo de las tetras hispánicas.

sábado, 2 de agosto de 2008

El cuadro de Goya


Francisco de Goya y Lucientes fue un pintor español del siglo XIX, él pintó una escena de la obra Lazarillo de Tormes. Observa la pintura y explica el episodio al cual se refiere.

sexta-feira, 1 de agosto de 2008

Informaciones sobre la obra Lazarillo de Tormes

"La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (más conocida como Lazarillo de Tormes) es una novela española anónima, escrita en primera persona y en estilo epistolar (como una sola y larga carta), cuya edición conocida más antigua data de 1554. En ella se cuenta de forma autobiográfica la vida de un niño, Lázaro de Tormes, en el siglo XVI, desde su nacimiento y mísera infancia hasta su matrimonio, ya en la edad adulta. Es considerada precursora de la novela picaresca por elementos como el realismo, la narración en primera persona, la estructura itinerante entre varios amos y la ideología moralizante y pesimista.
Lazarillo de Tormes es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad del momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas, sobre todo las de los clérigos y religiosos. Hay diferentes hipótesis sobre su autoría. Probablemente el autor fue simpatizante de las ideas
erasmistas. Esto motivó que la Inquisición la prohibiera y que, más tarde, permitiera su publicación, una vez expurgada. La obra no volvió a ser publicada íntegramente hasta el siglo XIX."