sexta-feira, 24 de outubro de 2008

PROSA MEDIEVAL ESPAÑOLA

La prosa medieval española surge de varias circunstancias, entre las que destaca la creación de studia y universidades, de catedrales, de cancillerías en las cortes y de la renovación de la Iglesia, concretamente, de las reformas realizadas a partir del cuarto Concilio de Letrán (1215). Dicha prosa deriva de la oratio soluta latina, ya que la palabra podía designar en el siglo XIII a determinadas formas de lo que hoy consideramos verso. La prosa se origina de la necesidad de buscar un instrumento de comunicación común a cristianos -identificados con el latín-, árabes y hebreos -versados en la lengua de aquéllos- y emigrantes francos que gozaban de los privilegios ofrecidos por los reyes. También de la necesidad de divulgar la sabiduría tradicional y de predicar el cristianismo al pueblo, ya ignorante del latín.
Sus inicios coinciden con la traducción libre o romanceamiento de textos de prestigio cultural, entre los que destacan la Biblia y los clásicos latinos -después, griegos- y árabes o hebreos, desde sus lenguas originales o desde versiones romances, especialmente francesas. También la nobleza se interesará por textos no exclusivos de la clerecía.
La difusión de los clásicos es paulatina: algunos tratados de Séneca en el siglo XIII; Boecio en el XIV, y Cicerón, con otras fuentes, en el XV. El conocimiento de los griegos sigue siendo infrecuente en este siglo, que ofrece ya obras maestras y se abre a los grandes autores italianos de la centuria anterior, como Dante y Petrarca.
Ni la difusión del libro encuadernado ni la del papel como soporte de escritura, tuvieron la transcendencia de la imprenta (1458) para la difusión y adquisición del libro. Aceptamos que el primer impreso español se remonta a la octava década del siglo XV. El Sinodal de Aguilafuente (Segovia, 1472) sería anterior a las Trovas de la Virgen María (Valencia, 1474). Inmediatamente, y hasta 1500, los lectores del siglo verían estampadas las obras maestras de la literatura clásica y contemporánea en libros que llamamos incunables.
Afecta a nuestra literatura un problema al identificar las obras. Muchas de ellas son refundiciones de textos anteriores, con variaciones de diverso grado, y resulta arriesgado decidir cuándo nos encontramos ante obras distintas o ante versiones de una sola. Esto afecta a crónicas, libros de viajes, literatura sapiencial, relatos novelescos, como el Amadís, etc. Sus testimonios sobrepasan los tres siglos aproximados de nuestra literatura medieval.

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